¿Adios?

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Re: ¿Adios?

Mensaje por Teclis el Mar 28 Feb 2017 - 1:27

Los días en la isla pasaban monótonos, con una cierta cadencia soporífera pero reconfortante. Es bien sabido que los elfos pueden llegar a verse absorbidos por una tarea con tal intensidad que los años pasan a su alrededor sin que aparten la mirada de un cuadro o cejen en su práctica de algún instrumento musical. Teclis había estado tratando de desentrañar el volumen arcano tanto tiempo que la subida y bajada del sol, que registraba a través de la claraboya que alumbraba el pequeño palacete en el que se alojaba, se había convertido en él en poco más que el tic-tac de un reloj.

Bajo aquella supuesta paz y ese hermetismo en cambio se escondía un volcán que el mago trataba de apagar con la lectura y la meditación. Las imágenes de sus hermanos muertos, de los barcos de Myllyra luchando contra los bárbaros en los estrechos minados de hielo, de los escasos hombres y enanos que guarecían el muro luchando codo con codo...

Los elfos habían sido desde antaño amigos de la Guardia de la Noche, y cuando el fatídico día llegó eran sobre todo sus hermanos los que guardaban los irisados y congelados muros que habían contenido durante milenios el avance de los salvajes. Pese a las deseperadas llamadas de los guardianes y sus exhortaciones a los monarcas de las otras grandes razas del continente aún eran poco más que un destacamento de elfos los que guardan los muros aquél fatídico día...

La guerra que siguió fue corta pero sangrienta. Cada vez que un elfo muere la tierra llora los milenios que su vida inmortal hubiera dedicado a embellecerla, acompañarla y amarla. Un amor que ninguna de las otras razas conoce ya o respeta. Cuando el último de los destacamentos elfos cayó en la bahía helada el rey tuvo que enfrentarse a una dura decisión: salvar a los suyos de la inmensa mancha negra de barcos que se dirigían a Myllyra o luchar por la supervivencia del continente.

Su vehemente alegato, su narración de largas aventuras vividas con hermanos de otras razas, su exposición del valor de las culturas de orcos o los enanos... Todo fue inútil ante la ferrea cerrazón del consejo de ancianos encargado de tomar la decisión. Los viejos magos, cuyo tersa piel no acompañaba a los pesados ceños que milenios habían cincelado en su cara, decidieron unánimente activar las grandes fuerzas mágicas del corazón de la isla que les habían amparado desde los albores de los tiempos.

Muchas almas tuvieron que ser sacrificadas para contener y poner al servicio de Myllyra el gran torbellino de magia, pero tras el complejo sellado la isla quedó aislada y protegida de cualquier ataque...

Teclis, un monarca hundido, un elfo maltrecho por las pérdidas, y un amigo traidor que había dejado en la estacada a sus compañeros de aventuras se encerro en la torre de Varlys Torgun a tragar la amarga hiel de cada día de inactividad.
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Re: ¿Adios?

Mensaje por Alastor el Jue 8 Feb 2018 - 6:35

Alastor despertó en el interior de una cueva poco profunda, vagamente iluminada por los escasos y tenues rayos de sol que parecían huir del atardecer en busca del refugio de las sombras. Había sido precisamente aquella luz la que le despertó de la pesadilla en que se hallaba inmerso. Por un momento, creyó que a su lado dormitaban sus antiguos amigos: Brakend, Inglor, Nalfein... nombres que aparecían en su mente para después estallar y disolverse en la crudeza de la realidad. Nadie yacía a su lado, ni siquiera su amada montura que tantos años le había acompañado.

El muro había caído, y con él las esperanzas de La Celesta. La mayoría de imperios gobernados por el hombre se hallaban sumergidos en guerras civiles, los orcos se habían refugiado en las montañas e incluso los altos elfos, resignados y decepcionados con el curso de los acontecimientos, se habían atrincherado en las ciudadelas y ahora poderosas barreras mágicas impedían que ningún ser vivo se adentrara en sus dominios.

El recién convertido vampiro no se molestó en levantarse. Se limitó a mirar fijamente la luz que poco a poco se desvanecía dando paso a aquella familiar oscuridad. Sin que pudiera hacer nada por evitarlo, su agotado cerebro recorrió cada milímetro de los recuerdos que lo atormentaban. Había perdido todo cuanto tenía, pues incluso su mentor y amigo Brakend le había rechazado al descubrir sus verdaderas intenciones.

Aquel eterno deseo de venganza, su ciega devoción a los dioses que antaño había guiado sus pasos poco a poco desaparecía, cediendo terreno a una agonía y un remordimiento que cada día se hacían más grandes. Pagó un precio demasiado alto por sus errores, y durante meses, deprimido y sin una auténtica razón para vivir, había vagado como un mendigo evitando las aglomeraciones y a cualquier persona que pudiera relacionarlo con su pasado.

Hacía tiempo que no escuchaba ninguna voz que le mostrara el camino. Más aún desde la última vez que se creyó dueño de su destino. La vida le había mostrado una y otra vez su cara más inhóspita, y sus fuerzas para afrontarla mermaban a cada situación hostil a la que tenía que enfrentarse.

Abigor lo había rechazado, y con motivo, pues se había dejado llevar por una incontrolable sed de poder que lo llevó a una escaramuza suicida en las profundidades de las colinas del silencio. Su único contacto con la orden que veneraba a su Dios había muerto en aquel lugar, llevándose consigo los secretos que podrían haber ayudado a contener la invasión.

Salió al exterior para despejarse y lavó su rostro en la superficie de un riachuelo que serpenteaba entre las rocas, a pocos metros de la cueva donde había pasado las dos últimas noches. Aunque la corriente era bastante fuerte, podía ver el reflejo de su rostro en movimiento y pudo comprobar que su cabello y su barba ya no presentaban la pulcritud y brillo de antaño. Todo en él era más viejo, incluso su alma, que cada día que pasaba se sumía un poco más en la apatía y la soledad.

Desesperado, gritó. Pasó largo rato maldiciendo, con la mirada puesta en los cielos. Maldijo por sus amigos perdidos, por el tiempo que ya no podría recuperar. Por su estado, su destino, por su hermano. Lloró como un niño que por vez primera conoce el dolor de respirar. Al final quedó exhausto por el esfuerzo y la falta de alimento, y cayó al suelo perdiendo la consciencia.

Esta vez no tuvo ninguna pesadilla. En su sueño, combatía de nuevo junto a sus camaradas en las almenas del muro. Podía escuchar sus gritos, sus vítores cuando el enemigo se retiraba, cediendo al implacable fuego de artillería que imperiales y orcos descargaban con una violencia y furia infernales. Los elfos disparaban sus arcos y protegían a los soldados rasos con radiantes escudos mágicos. Los vampiros rodeaban al enemigo y lo sorprendían por la retaguardia, mordiendo y desgarrando cuellos de salvaje a su paso. Los bretones empuñaban sus lanzas y las hundían en los cuerpos de los atemorizados guerreros que poco a poco se desplomaban en aquella orgía de sangre, humo y resplandores etéreos.

Por primera vez en mucho tiempo, Alastor durmió tranquilo.

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Hace ya mucho tiempo que no paso por aquí y hoy me ha entrado la nostalgia. Me sorprende que algunos de vosotros sigáis comentando, y que los últimos mensajes sean de 2017.

He seguido escribiendo durante este tiempo y la verdad, tenía un poco de miedo de encontrarme con un "yo" inmaduro y carente de talento.

La verdad es que en cierto modo ha sido así, pero también he pasado un rato agradable de narices leyendo algunas de las interpretaciones, y he recordado muchas cosas que tenía sepultadas en el cajón de la memoria, entre ellas lo mucho de menos que echo esta página y a las personas con las que solía pasarme tardes y noches enteras, escribiendo y luchando imaginariamente en nuestros duelos interpretativos.

Seguramente (100%) es muy tarde para una despedida y es que acabo de descubrir (o redescubrir, no estoy seguro) la existencia de este post. Igualmente, solo quería deciros que después de todos estos años aún sigo orgulloso del tiempo que invertí en esta página y de las personas que conocí en ella, y os digo con total certeza que si hoy día disfruto escribiendo y encuentro un refugio en ello es gracias a vosotros.

En fin, tampoco me quiero poner muy sentimental, pero leer las cosas que escribíamos me ha llenado de orgullo y satisfacción, y espero que la vida os haya sonreído a todos, y si no lo ha hecho, siempre podéis escribir sobre ello que las desgracias se venden muy bien.

Me seguiré metiendo de vez en cuando por si a alguien le da por entrar y contestar a este post, espero que algún día podamos retomar el contacto. O quién sabe, quizá incluso volver al foro, que muchas historias quedaron desgraciadamente sin un final digno.

Un saludo a todos

Alastor (o Diego para los amigos)
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